SANTIAGO GARCÍA-CLAIRAC
ESCRITOR DE LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL

VALENCIA

 

DOMINGO

 En menos de dos horas, el AVE me lleva a Valencia. Llego, a las seis y media, está lloviendo y hace frío. Cojo un taxi que me lleva hasta el hotel, que está cerca de la Ciudad de las Artes y las Ciencias.

Pasamos ante el museo Reina SOFÍA que, como todo el mundo sabe, está en obras. Le han quitado las losetas de recubrimiento y ahora ya no es blanco, es gris. Bajo la lluvia resulta muy triste.

 

En el hotel, todo está en orden y tengo la habitación reservada.  Está muy bien, cálida sobre todo, y eso me encanta. Tele con pantalla grande. Ah, y suelo enmoquetado, una delicia.

Salgo a dar un paseo por el barrio para entonarme. Es un buen barrio, pero hay poca gente por la calle. Muchos restaurantes, aunque están casi todos cerrados. Así son los domingos.

En la cafetería del hotel hago una cena a base de sándwich. Muy tranquilo, apenas hay gente y me atienden muy bien.

Después, Voy a tomar un café a un restaurante que hay en la acera de enfrente y doy la noche por terminada. Tengo que acostarme para madrugar mañana.

 

LUNES

 Juan Carlos me recoge a las ocho y media y, después del abrazo, hace dos años que no nos vemos, me lleva al primer colegio de la mañana.

Me encanta el edificio, tiene clase y estilo. Me llevan al salón de actos, que es espectacular.

Hacemos dos sesiones con lectores de MAXI y de El libro invisible. Me asombra que estos lectores, que apenas tienen ocho años, hayan entendido tan bien El libro Invisible. A pesar de que estamos empeñados en decir que estos chicos son muy infantiles,  va a resultar que es al contrario, que son más maduros de lo que pensamos. El libro invisible es, aparentemente, un libro de aventuras pero que, en realidad, tiene más profundidad de lo que parece y jamás hubiera pensado que lo comprenderían lectores tan jóvenes. No obstante, creo que se nota el trabajo de los profesores. Es evidente que lo han trabajado a fondo.

 

Salimos a tomar un café. Como nos queda un buen rato hasta la próxima sesión, damos un paseo por el centro histórico. Caminamos por algunas calles y llegamos a la catedral, luego me enseña el mercado y la plaza nueva. Acabamos en la plaza de la Reina.

Todo el entorno tiene un gran encanto. Las Torres, la muralla... Llegamos a un restaurante y comemos. Poca gente, buena comida...  Muy bien. Mientras comemos, me cuenta que SM está organizando un evento espectacular que ha despertado mucho interés entre la comunidad educativa. Unas charlas del gurú de la educación, Richard Gerver.

 

Llega la hora de trabajar. Esta tarde vamos a hacer dos sesiones con El rey del escondite y El amigo de Hércules.

Han leído los libros y todo va muy bien. Es un placer hablar con lectores que han comprendido muy bien lo que han leído. Gracias a los profesores, todo sale muy bien. Muchas preguntas y mucho interés por el contenido de los libros.

 

Finaliza la tarde y Juan me deja en el hotel.

Me adecento un poco y entro en una cafetería para trabajar un poco con el IPad. Estoy un poco agobiado con el libro que tengo en marcha. Va bien, pero tengo que darle fuerte. Es un proyecto complicado que requiere mucha dedicación.

Hago y recibo algunas llamadas. Estoy poniendo en marcha un festival de literatura juvenil, y lleva mucho trabajo, FESTIBOOK, ya he hablado de él anteriormente. Sergio ALARTE me ha mandado un mensaje para que nos veamos el jueves para visitar una exposición de cómics. Le respondo que me parece bien.

Después de cenar en el hotel, salgo a dar un paseo. Me acerco hacia el río y hago una visita a El corte inglés. Miró las novedades literarias. Me compro un libro de publicidad que acaba de salir y al que le tengo muchas ganas. Se titula La creatividad, de Luis Bassat, uno de los mejores creativos de la historia de la publicidad española.

Por fin, me voy a la cama. Pongo la televisión y veo el comienzo de una nueva serie de televisión: B&B. Es muy previsible y la apago. Sale un banquero que se llama Gorriti. Podía haberse llamado Bolsini, o Trinquini... Penoso.

Activo la alarma del móvil para que suene a las siete. Antes de dormir, leo  algunas páginas de La Creatividad. Me encanta, está muy bien escrito. Se nota que es literatura comercial, pero es muy buena, Bassat siempre ha sido un perfeccionista, y eso se percibe en el libro, que está lleno de historias muy detalladas. Me recuerda a mis tiempos de creativo.

De alguna manera, una idea me ronda en la cabeza desde hace algún tiempo, pero hoy me la he empezado a tomar en serio. Aún es pronto para hablar de ella. Si persiste, ya la iré comentando.

 

MARTES

 Hoy, a las nueve, me recoge José Luis. Vamos a Paterna, no muy lejos de Valencia.

Saludamos a algunos profesores con los que estuve la última vez que vine a Valencia, hace un par de años.

Van a ser dos sesiones seguidas, con El libro Invisible y MAXI. Lamento no disponer de una pizarra, pero todo va bien. La lectura ha sido provechosa y los niños y profesores hacen muchas preguntas, y eso me gusta mucho. Es un placer hacer estas visitas que, por fortuna, sirven para fomentar la lectura. Me hacen muy feliz.

Nos despedimos con la promesa de volver a vernos en breve.

Tenemos más de una hora libre hasta la próxima cita. Hemos quedado con algunos profesores para comer y organizar la sesión de la tarde que, casi con seguridad, va a ser especial.

Nos dirigimos al complejo artístico de Valencia. Quiero ver los horarios del Hemisferic, cuyas proyecciones son espectaculares y que tengo muchas ganas de ver. Ponen El Principito y no me lo quiero perder.

 

Damos un paseo por la zona y, antes de nada, nos tomamos un café. Luego, pasamos por la taquilla y me llevo una decepción:  los pases de El Principito son por la mañana, así que me voy a quedar sin verla. Una pena. De todas formas, esperó ir alguna tarde para ver un documental sobre el Nilo.

Llegamos a la cafetería en la que hemos quedado para hacer un previo. Tomamos una cerveza y me ponen en antecedentes. Todo suena muy bien. Parece que v a ser una sesión extraordinaria.

 

Después, nos vamos a comer. Un sitio muy agradable y una comida con "explosión de sabores". Una buena comida preparatoria. ME cuenta cosas interesantes sobre las lecturas de los niños.

 

Los alumnos han leído En un lugar de Atocha y están deseando verme para hacer un millón de preguntas. Y hay pizarra. La tarde se presenta bien.

Y una sorpresa: han pedido autorización escrita a los padres para que les hagamos fotos y puedan salir en mi página. No me lo esperaba, pero lo agradezco mucho.

Llegamos cuando los niños están ya sentados. Se nota que hay expectación.

 

Entro en el escenario y me hacen un recibimiento espectacular. En primera fila, algunos llevan un cartel con una letra que, en conjunto, conforman mi nombre.

 

Hago una broma y les digo que el recibimiento me ha gustado tanto que voy a entrar de nuevo. A la segunda, los aplausos son mayores. Me gusta que me sigan el juego.

 

Marisa, la profesora que lo ha organizado todo con ayuda de dos compañeros, me presenta como ella sabe hacerlo.

Ahora me toca a mí. Empiezo por contar cosas del libro. Escuchan con atención y con enorme respeto. Me voy abriendo y entro en detalles.

 Y empiezan las preguntas. No cabría en esta crónica todo lo que ocurre en este turno. Es volcánico. Preguntan de todo, sobre el libro, sobre la escritura, sobre mi faceta de creativo publicitario... Con mucho respeto, pero imparables.

Mientras les escucho, me surge una pregunta: ¿harían los lectores adultos tantas preguntas?... La respuesta es más bien negativa. Los niños son mucho más abiertos y mucho más curiosos. Diría que están ávidos, lo quieren saber todo.

La pena es que mi memoria no es capaz de recordar todo lo que se habla esa tarde. Tendré que hacer algo al respecto. Empecé a escribir estas crónicas viajes pensando en que serían anecdóticas, pero estoy viendo que dan mucho más de sí de lo que pensaba.

 

Les cuento mi técnica de trabajo y les enseño las libretas de ideas que llevo encima.

 

Después, les dejo ver mi libreta de bocetos; como veo que les emociona ver los bocetos, me ánimo y les dejó el IPad con un dibujo original para que puedan ver el proceso completo. Se trata del proyecto que he comentado anteriormente. Todavía es un secreto. Ver su cara es una experiencia inenarrable. Están viendo los entresijos de la creación de un libro ilustrado, con todo el proceso. Una pasada para ellos... Y para mí...

 

Me piden que explique lo del libro Guiness de los Récords, donde hay una mención a un anuncio de televisión que hice hace años. La historia es sorprendente y les llama mucho la atención.

Una hora y media después, para ir terminando la sesión, me piden que haga un dibujo en la pizarra. Después de pensar en varias opciones, decidimos que le voy a hacer un dibujo a Marisa.

Aquí está. Sé que es mejorable, pero diré que no soy experto en dibujar en pizarra. Y eso que me encanta hacerlo.

 

Por fin, llega el momento de la despedida. Ha sido una sesión espectacular.

 

Siempre digo que el mejor momento de la escritura de un libro es el encuentro con los lectores; pues bien, esta tarde ha quedado confirmado.

Ahora toca descansar un poco. Bueno, descansar y trabajar. O sea, tomar un café sin prisas y darle marcha al IPad, para alimentar a Google, Gmail, Facebook... Y escribir... No se puede parar...

Después de cenar, leo a Bassat y acabo dormido como un lirón. Feliz.

MIÉRCOLES

Hoy hay mucha gente en el buffet. Hay que hacer cola para conseguir un zumo de naranja. Con un poco de paciencia, consigo desayunar bien.

Mientras viene a buscarme, doy un paseo por la calle.

A la hora prevista llega. Nos ponemos en marcha hacia un barrio llamado La Heliana, que está al otro lado de Valencia.

Está mañana voy a tener tres sesiones en el colegio Helios.

Nos reciben muy bien y nos llevan a la biblioteca, que ya está preparada, con las sillas.

Entran los pequeños de segundo y tercero, que han leído MAXI el aventurero.

Como hago siempre, doy una charla introductoria sobre el libro y los motivos que me han inducido a escribirlo. Después, me dicen qué escena les ha gustado más y, por fin, hacen preguntas.

La verdad es que no deja de llamarme la atención cuanto les interesa todo lo que rodea al libro. A veces, tengo la impresión de que les interesa más que el propio libro. Lo cierto es que me gusta, me parece un buen síntoma. Acabaré comprendiendo, gracias a ellos, que un libro trae un bagaje añadido que le da más interés, y es posible que tengan razón. Con lectores así, los libros tienen más contenido.

Firmo los libros con mi firma "de clave de sol", la que uso en los dibujos, y damos por finalizada esta preciosa sesión. Y la llamo preciosa porque me explican que es la primera vez que tienen un encuentro con autor.

Al salir, uno de los niños me dice que soy "el mejor escritor que ha conocido".   ¿Es o no es precioso?

A continuación, entran los de cuarto, que han leído El libro invisible.

Después de la presentación del director, empiezo la sesión contando la historia de la creación y escritura del libro y entramos a saco con las preguntas, muchas preguntas quiero decir.

Aunque siempre parecen las mismas, lo cierto es hay en cada sesión pequeños matices que las hacen diferentes. Unas veces. Se inclinan por preguntar por los personajes del libro, otras desean saber sobre su historia y, casi siempre, les interesa conocer la técnica de trabajo de un escritor... ¿De dónde sacas las ideas? Es, posiblemente, la pregunta que más escucho. Hoy me he esmerado en contar mi técnica de trabajo y, como siempre, dejo claro que cada escritor tiene la suya y que la que yo uso no es necesariamente la mejor, es la que mejor se adapta a mi estilo.

Al final de la sesión, una de las profesoras me explica que es la primera vez que no ha tenido que forzar a sus alumnos para que leyeran un libro y que El libro invisible ha sido una gran ayuda para ella. Emocionante, ¿verdad?

Antes de empezar la tercera sesión y aprovechando que es la hora del recreo, tomamos un café con el amable director en la sala de profesores. Un rato de descanso siempre viene bien después de un par de sesiones intensas.

Ahora voy a encontrarme un par de clubs de lectura de estudiantes de la ESO que han leído o van a leer El Ejército Negro. Son pocos pero parecen interesados por saber cosas, como se pone manifiesto con las preguntas.

Casualmente, en el colegio están trabajando sobre el pintor Diego Velázquez y hay muchos libros sobre él en el salón. Así que uso uno de ellos para mostrarles con detalle un cuadro titulado El aguador de Sevilla, que fue mi punto de partida para crear la idea de El Ejército Negro.

Les doy muchas explicaciones de lo que he pretendido contar en la trilogía. Les explico cómo nació el logotipo de Adragón y les muestro qué es exactamente El Ejército Negro.

Algunos hacen preguntas, lo que me ayuda a perfeccionar las explicaciones y me permite profundizar.

Hay un profesor invitado que tiene mucho interés por la literatura que afirma que le fascinan los personajes secundarios y quiere saber sí Sombra tendrá relevancia a lo largo de la historia, le digo que compartimos ese interés por los secundarios y le aseguro que Sombra, un personaje que aparece casi al principal, haciendo un papel poco relevante, es un pilar importante de la historia.

Al cabo de casi una hora, damos por terminada la sesión que, a mí, me ha dejado muy satisfecho. Cuando tienes buenos oyentes, da gusto explicar cosas.

Les firmo los libros y nos despedimos. Me voy muy contento, han sido tres buenas sesiones.

Nos vamos a comer y me dejan la tarde libre.

Pido que me lleven al Hemisferic, a ver si llego a tiempo de entrar.

Tengo suerte: la proyección está a punto de empezar. Voy a poder ver En busca del Nilo, el documental que Juan Carlos me ha recomendado.

La proyección es gigantesca y hay que mover la cabeza para ver todos los rincones de la imagen, en el cine normal se ve todo de un vistazo. Además, la imagen tiene foco rabioso hasta el infinito, lo que aumenta la sensación de profundidad. Los movimientos de cámara aéreos te dan la sensación de que vas pilotando un avión y, en algunos momentos, sientes un ligero mareo que se soluciona cerrando los ojos. Así que puede parecer que estás en otra dimensión. El resultado es que vives una experiencia inolvidable. Parece que ves más de lo que nunca has visto. Salgo impactado, decidido a repetir la experiencia.

Para no romper la rutina, después de dar un paseo por el parque, me pongo a trabajar. Ese nuevo proyecto me tiene encandilado, pero necesita mucho tiempo. Así que, siguiendo mi costumbre de trabajar en lugares públicos, me voy a la cafetería, donde ya me conocen y me sirven sin tener que pedirlo. La camarera es muy atenta y amable.

JUEVES

Hoy, en el buffet,  hay menos gente que ayer, así que desayuno más tranquilo. Así que empiezo bien el día.

A las nueve llega Silvana, nos vamos a un colegio de Requena.

Durante el viaje, le preguntó por su nombre... "No hay muchas personas con ese nombre", le digo.

-Ese nombre me lo puso mi abuelo. Lo hizo como un homenaje a la actriz de cine Silvana Mangano, a la que admiraba.

Me asombra que le hayan puesto nombre de una gran actriz italiana, pero me encanta. Silvana Mangano es una de mis actrices favoritas.

El director nos atiende y, mientras los niños se preparan, tomamos un café en la sala de profesores.

Llegamos a la biblioteca y entran los niños. Son poco menos de cuarenta. Muy activos y simpáticos.

Es inunda buena sesión. Muy intimista. Me quedó muy contento.

Para despedirnos, tomamos otro café y me hacen un pequeño regalo de una cerámica. Muchas gracias.

Comemos en Valencia en un restaurante de amigos. La comida es buena y, si no es por el incidente de la dueña que se queja de las comisiones del banco, como si tuviésemos la culpa, habría sido una comida perfecta.

Después, tenemos una sesión de esas que no se olvidan. Es difícil saber el motivo, pero todo resulta muy emocional. Supongo a que son niños especialmente afectivos. Me fríen a preguntas, están deseando saber cosas sobre MAXI y sobre mí. De alguna manera, consiguen que me sienta a gusto y feliz. Es aquí cuando mi idea de que lo mejor de escribir un libro es cuando conoces a tus lectores.

La sesión termina con una firma de ejemplares. Un niño me llama mucho la atención y le hago un dibujo rápido.

El resto de la jornada transcurre con normalidad. Ceniza en el hotel, paseíllo, visita obligada al Corte Inglés y café tinto.

VIERNES

Hemos llegado al último día de la semana. Toca recoger el equipaje y prepararse para abandonar el hotel. Lo peor es que en estos días he acumulado tantos objetos que no me caben en la maleta.

Dejo la maleta lista y me voy a desayunar. Era previsible que hoy, viernes, el buffet estuviera prácticamente vacío.

Líquido el hotel y salgo a la calle a esperar a Carmina, que hoy me va a llevar a Vila Real.

Acoplamos la maleta y las bolsas y emprendemos la marcha. Poco después le pido que se detenga para hacer una foto de un toro. En realidad es un cartel de Osborne que decora la entrada de la Universidad politécnica. Me resulta tan curioso que no puedo pasar de largo sin llevarme un recuerdo. El toro de Osborne es un mito de la publicidad española que, al principio, el anunciante no aceptó como idea y fue el diseñador el que consiguió que la idea saliera adelante. Un símbolo de tenacidad.

 

Reemprendemos la marcha. Hace buen día y el viaje es muy agradable. Tardamos poco en llegar. Aparcamos frente al colegio y entramos. Nos reciben muy bien, con mucho cariño.

La primera sesión es con niños que han leído En un lugar de Atocha. Este libro se lee cada día más. Puede que tenga algo que ver con el décimo aniversario que se cumple este año.

El tema suscita muchas preguntas que intentó responder con la máxima claridad. En esta sesión preguntan sin cesar y de manera sorprendente. Creo que es la primera vez que me encuentro con lectores tan pequeños. Puede que sea eso lo que le da más interés.

Les enseño el contenido de mi firma y muchos copian. Después, para explicar una idea sobre un libro que escribí hace años, dibujó un caballo en la pizarra, y muchos se esmeran en copiarlo. Me resulta muy divertido.

Hacemos un descanso y nos agasajan como pocas veces. Los cocineros vienen a saludarme y a pedirme autógrafos para ellos y sus hijos. Además, nos sirven sendos platos de  jamón y queso. Una maravilla que agradecemos sinceramente.

Recibo un mensaje de Marisa, la profesora del martes por la tarde, que me cuenta que algunos alumnos han aparecido en clase con libretas de ideas, imitándome. Una noticia que me llena de satisfacción. Ya han empezado a actuar como verdaderos escritores.

Volvemos al salón para una segunda sesión. Ahora son un poco más mayores y han leído varios libros. Con ellos consigo profundizar un poco más en las explicaciones. Esta sesión es muy didáctica y provechosa. Me deja buen sabor de boca. Vale la pena hacer un esfuerzo para transmitirles cosas que desconocen y que despiertan su interés.

Al finalizar la sesión, me pide que les haga un dibujo en una cartulina. Decido hacer un Hércules, que, a pesar de las prisas, no queda nada mal.

Nos despedimos efusivamente y nos vamos a otro colegio. Ahora me voy a encontrar con chicos de la ESO que también han leído En un lugar de Atocha.

Este libro admite una franja de edades bastante amplia. Lo han leído adultos que me han dicho que se han sentido bien informados y, como en el caso anterior, chiquillos de cuarto de Primaria; así que es natural que chicos un poco más mayores hayan pedido leerlo.

Después de las explicaciones que me han llevado a escribirlo, vienen las preguntas. Muchas preguntas. Hay un grupo de alumnos que demuestran un gran interés.

Para explicarles mi sistema de trabajo, les enseño mis libretas y destaco la de ideas gráficas, que contiene bocetos de un nuevo proyecto en el que estoy trabajando. Como, casualmente, he recibido una ilustración original que corresponde a un boceto de la libreto, les dejo el IPad y la libreta para que puedan ver el proceso completo.

Hablamos de publicidad, tema que les interesa mucho.

Al final, firmo algunos libros y nos despedimos. Ha sido una sesión interesante y bastante distinta a las demás. Ha habido preguntas de las de siempre, pero muchas nuevas. Lo mejor es que seguían muy bien mis argumentos e hilaban bien las preguntas suscitadas a partir de lo que iban descubriendo en mi charla.

Y es que cada sesión es diferente y deviene hacia caminos inesperados.

Al salir, nos encontramos con Joan, un profesor con el que ya había estado hace diez años y que ha venido a buscarnos para comer y comentar juntos la sesión que haremos en su colegio por la tarde. Un detalle por su parte. Joan es un profesor que usa mucho la creatividad para enseñar.

Vamos un restaurante cercano, pequeño pero coqueto. El dueño, que nos atiende, es muy simpático y hablador.

Me recomienda el arroz a la cazuela, que nunca he probado, y acepto su oferta. Un acierto. Es un plato humilde pero rico, muy bien hecho, con un buen sabor.

Joan nos comenta que ha propuesto la lectura de En un lugar de Atocha en su colegio y se lo ha comentado a otros profesores que han aceptado participar en el librofórum que vamos a celebrar dentro de un rato. Creo que vienen cuatro grupos. Me encanta su entusiasmo. Nos cuenta que está utilizando la papiroflexia para despertar la creatividad de sus alumnos.

La sesión empieza a la hora prevista, con los cuatro grupos.  Más de cien alumnos.

Joan hace una presentación. Recuerda con cariño aquella sesión que tuvimos hace casi una década, cuando yo le hablé de este libro que todavía estaba en máquinas. Cuenta que lo recibió poco después (debió ser uno de los primeros lectores), y que su lectura le impactó. Añade que se siente muy contento de tenerme ahí delante y que le hace feliz que sus alumnos puedan hablar conmigo.

Me permiten que les explique algunos secretos del libro y algunos profesionales. A pesar de que son muchos, hay silencio. La expectación es grande. Les han preparado bien. Se mantienen en silencio mientras hablo, pero cuando llega el turno de preguntas, los brazos se alzan como banderas. Casi todos quieren preguntar. Impresionante.

Normalmente, al principio, les cuesta preguntar y suelen animarse en la segunda parte del turno, cuando ven que respondo a todas sus preguntas. Pero, en este caso, no se lo piensan; se nota que están deseosos.

Preguntan sin parar. Respondo sin perder tiempo en detalles superfluos y la sesión coge un ritmo trepidante. Los profesores también participan. Es increíble. Una sesión fantástica, con preguntas valientes, bien elaboradas... Por fin, Joan pregunta: Se nota que la escritura de este libro es muy contenida, ¿cómo consigues medir tanto lo que cuentas sin dejarte llevar por la incontención? “Uso la técnica publicitaria que consiste en acotar territorios - respondo-. Antes de empezar a escribir decido qué hechos y que palabras no debo utilizar y cuáles convienen usar para que la historia esté bien contada y sea imparcial”.

Finalmente, llega el momento de firmar. Hay tiempo para firmar a todos. Cuando la sesión termina, Joan y los alumnos nos acompañan hasta la puerta de la calle para despedirnos. Un detallazo que agradezco profundamente. Estos pequeños detalles se agradecen mucho.

Ahora toca volver a Valencia, a coger el AVE para volver a Madrid.

Cuando llegamos a la estación me despido de Carmina, cojo mis bártulos y embarco.

Cuando en tren arranca, tengo la sensación de haber vivido una gran experiencia. Sin duda, la visita a Valencia ha sido enriquecedora. Una gran semana. Una semana de tracas y Fallas.