SANTIAGO GARCÍA-CLAIRAC
ESCRITOR DE LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL

LAS LECTURAS DE SANTIAGO

En los colegios e institutos que suelo visitar, me preguntan siempre por mis lecturas favoritas y me piden que les recomiende algunos libros.

Así que, pensando en ellos, voy a hacer un esfuerzo de memoria y voy a intentar recordar todo lo que pueda sobre lo que he leído a lo largo de mi vida, advirtiendo que me va a ser imposible acordarme de todos los títulos.

Sé que va a ser un ejercicio largo y complicado que tendrá éxito a medias ya que, ni siquiera seré capaz de recordar el orden exacto de lectura, cosa que por otra parte, nadie me ha pedido y que no tiene demasiada importancia.

Por lo tanto, me daré por satisfecho si consigo hacer un listado razonablemente interesante de las lecturas que me ayudaron a ser escritor.

En cualquier caso, no trata de ser una lista de recomendaciones, es un recordatorio de lo que he leído en mi infancia, mi juventud y. si se da el caso, en la edad adulta.

Ahí va, con toda modestia, mi currículum lector.

 

TINTÍN y HERGÉ

Lo primero que recuerdo haber leído en mi vida es un libro de Tintín: TINTÍN EN AMÉRICA.

Un cómic a todo color que contaba la asombrosa historia de un chico que tenía un perro y viajaba a Estados Unidos para luchar contra unos bandidos de Nueva York y acababa entre indios y vaqueros en el Lejano Oeste.

La historia me alucinó y la releí mil veces, pero los dibujos me asombraron.

El caso es que Tintín se clavó en mi corazón y nunca pude desprenderme de él. De hecho, creo que mi afición al dibujo proviene de ahí, de la línea clara de Hergé, su creador, que creó un estilo limpio y detallista.

Las tramas son literarias y, si no fuese por los dibujos podría decirse que son novelas de gran interés.

Sin saberlo, Hergé se convirtió en un modelo para mí: escritor y dibujante.

Lo que siempre he querido hacer y lo que siempre he hecho: escribir y dibujar.

Más tarde. acabé leyendo toda la colección de las aventuras de Tintín y me atrevo a decir que es una lectura muy recomendable. Muy buena para los amantes de historias con intriga y viajes. Los dibujos son espectaculares.

Sólo recordaré una frase atribuida a Santa Teresa de Jesús: "Leer es tan importante para el alma como el alimento para el cuerpo".

JEAN DE LA FONTAINE 

Posiblemente, la primera obra literaria que leí en mi vida fue LAS FÁBULAS DE LA FONTAINE.

Las leíamos en clase, bajo la supervisión de nuestra maestra y eran muy divertidas.

Eran pequeñas historias protagonizadas casi siempre por animalitos que se comportaban como seres humanos, con sus virtudes y sus miserias.

Animales que hablaban con gran sabiduría: astutos y pícaros que enseñaban grandes cosas y daban lecciones magistrales a otros más bobos, ingenuos y malvados.

Leí muchas de sus fábulas, pero mis favoritas eran LA LIEBRE Y LA TORTUGA, LA CIGARRA Y LA HORMIGA y EL CUERVO Y EL ZORRO.

JEAN DE LA FONTAINE escribió, en forma de poesía, ingeniosas fábulas que todos los niños y niñas deberían conocer. A mí, me enseñaron que vivimos en mundo lleno de malicias.

JEAN DE LA FONTAINE fue uno de mis maestros y todavía pienso mucho en sus obras cuando escribo. Es un maestro de la simplificación.

PETER PAN

Una de las lecturas que me llamaron la atención fue, sin duda, PETER PAN.

Resultaba que, de repente, en un solo libro cabían indios, piratas, niños voladores, tesoros, isla secretas, niños perdidos que no querían crecer... Niños que podían volar a un mundo imaginado... Niños que escapaban de la realidad.

PETER PAN fue una locura para mi imaginación.

Recuerdo que vi la película realizada por Walt Disney y toda la lectura cobró vida en forma de dibujos animados que tenían tanta magia como el libro.

PETER PAN es, sin duda, una de mis lecturas recomendadas.

Se puede disfrutar mucho viendo la película interpretada por Jonnhy Deep, que cuenta el proceso de escritura del autor.

 

 

JULIO VERNE

Años después, disfruté de una nueva lectura muy impactante: la obra de Julio Verne.

VIAJE AL CENTRO DE LA TIERRA supuso una experiencia inolvidable para mí.

LA VUELTA AL MUNDO EN OCHENTA DÍAS, VEINTE MIL LEGUAS DE VIAJE SUBMARINO...

Siempre he pensado que Julio Verne fue el escritor que me dirigió hacia la escritura.

Todavía recuerdo cuando escribí, a los catorce años, la segunda parte de VIAJE AL CENTRO DE LA TIERRA. Fue, posiblemente, mi primera obra literaria.

Lo que más me gustaba de él era la fluidez de las historias. Todo se desarrollaba a un ritmo vertiginoso que incitaba a seguir leyendo. Sabía despertar la curiosidad del lector e impulsarle hacia delante.

Sus historias, centradas en descubrimientos científicos y tecnológicos, fueron muy avanzadas en su época, pero JULIO VERNE ha pasado a la historia como creador de grandes aventuras geográficas que aún hoy se leen por todo el mundo. Supo crear personajes entrañables y tenía gran predilección por malvados que quería adueñarse del mundo, como el capitán Nemo y otros.  

Fue una gran experiencia ver la película de VEINTE MIL LEGUAS DE VIAJE SUBMARINO, interpretada por Kirk Douglas y ver en vivo al capitán Nemo, interpretado por James Mason. Esa película me demostró que las letras contenían vida y realidad. Ver a los personajes de carne y hueso deambulando por la pantalla, haciendo exactamente lo mismo que en el libro, me llenó de ilusión y me despertó las ganas de escribir.

Calculo que en el plazo de tres años había leído prácticamente todas, o casi todas, las novelas de Julio Verne.

Algo que nunca he olvidado.

Por estos motivos, me atrevo a recomendar fervientemente las obras de JULIO VERNE.

 EL PRINCIPITO (LE PETIT PRINCE)

ANTOINE DE SAINT-EXUPERY

Si hubo una lectura que me impactó profundamente fue, sin duda, la de EL PRINCIPITO.

Lo leí en francés y fue mi abuelo el que me lo puso en las manos a la edad de nueve años.

Recuerdo que en el colegio también hicimos alguna lectura abreviada.

Aunque tengo la impresión de que no acabé de entenderlo del todo, también recuerdo la impresión que me produjo la historia de un niño que vivía solo en un planeta del que nadie tenía referencia. Un planeta imaginario.

El relato de un niño que no rendía cuentas a nadie y que sabía cosas que los adultos desconocían me fascinó.

De mayor lo he releído muchas veces e incluso he iniciado una traducción muy particular del francés al castellano. ¿Qué mejor homenaje le puedo hacer a un libro que cambió mi perspectiva de la vida y que, de alguna manera, me transmitió la idea de que,  en el universo, existía un lugar en el que un niño podía ser independiente y tener sus propias ideas?

Inolvidable e imprescindible.

 

 

 

CONTINUARÁ...