SANTIAGO GARCÍA-CLAIRAC
ESCRITOR DE LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL

C O N C U R S O   L I T E R A R I O

F I N A L I S T A   4

L U C Í A   F O N S E C A

VISITA AL NIÑO QUE SIEMPRE QUISE CONOCER 

 

 

  

Esa noche Alba se acostó pensando en las últimas palabras de su padre.

-No te olvides de que mañana tienes para desayunar leche y galletas porque no nos quedan cereales. Nosotros nos vamos a Grecia, al año 1099 a.C., para ayudarles a hacer el caballo de madera para invadir Troya. Volveremos dentro de cuatro días.

No tenía sueño ya que estaba muy enfadada. ¿Cómo se les ocurría a sus padres irse el día de su cumpleaños?

Se despertó por la mañana todavía enfadada y no se fijó en una cuerda roja que salía de debajo de su cama hasta que se levantó y tropezó con ella.

Antes de descubrir lo que había al final de la cuerda, se puso su reloj temporal y sus gafas. Entonces miró debajo de la cama. La cuerda estaba atada a un paquete color esmeralda. El otro cabo se perdía por debajo de la puerta. Cogió el paquete con la mano izquierda y siguió la cuerda fuera de la habitación hasta el salón. Allí vio que esta se metía detrás de la televisión donde sujetaba otro paquete púrpura sin tapa. Olvidándose del paquete de la habitación, miró en su interior y encontró un bonito reloj dorado con un aro alrededor de la esfera decorado con relojes de arena grabados.

De repente, todo su enfado se desvaneció.

-¡Mi nuevo reloj temporal! -dijo mientras daba botes alrededor de la mesa del salón.

Estaba a punto de probárselo cuando se fijó en que había un trozo de papel pegado en el fondo de la caja. Lo cogió con cuidado y al ver la pulcra caligrafía supo que era de sus padres.

Querida Alba:

¡Feliz cumpleaños! Tu madre y yo sentimos mucho no poder estar contigo en este día tan especial. ¡Ya once años! Este reloj temporal perteneció a tu abuelo. Nosotros lo hemos mejorado para que puedas viajar hasta cien años atrás. En este nuevo modelo cada vuelta que das al aro de relojes de arena son cuatro años. Como sabes, lo único que tienes que hacer es pensar dónde quieres ir y dar las vueltas necesarias para llegar al año elegido. Utilízalo con precaución.

Un beso muy grande,

                                                                           Papa y mamá.

 

Alba dejó a un lado la nota y cogió el reloj. Estaba tan nerviosa que le temblaban las manos y le costó ponérselo. Quería estrenarlo cuanto antes, pero no sabía dónde ir. Sus ojos se fijaron en la foto de su abuelo que estaba  encima del mueble de la televisión y se acordó de que ese día también era su cumpleaños. Le entraron muchas ganas de celebrarlo con él, ya que  nunca le había conocido porque murió el día que ella nació, justo cuando cumplió sesenta y nueve años. Cerró los ojos, dio diecisiete vueltas completas al aro y al abrirlos se encontró en un barrio antiguo con casas bajas y calles muy anchas. Algunos de los cubos de basura  que había estaban volcados. Giró la cabeza y vio a un chaval con los ojos claros y el pelo largo y revuelto. Recordó la foto que tenían en casa y se dio cuenta de que era idéntico a su abuelo pero con cincuenta años menos.

Decidida, se acercó a él y le contó que era nueva en el barrio y que vivía en la casa de al lado de la panadería. Fueron caminando un buen rato mientras hablaban, hasta que Alba dijo que era el día de su cumpleaños. Entonces, el chico dejó de andar y abrió mucho los ojos:

-¡No me lo creo! ¡Cumples los años el mismo día que yo!

-¿Ah, sí? -dijo Alba fingiendo estar sorprendida.

-Si no vas a celebrarlo hoy con tus padres puedes venir a mi fiesta de cumpleaños a las cuatro y media.

Eso era justo lo que Alba quería escuchar y casi grita de alegría.

Cuando se despidieron Alba cayó en que, ya que iba a ir a su cumpleaños, le tendría que llevar un regalo. Buscó en sus bolsillos a ver si tenía algo útil para la ocasión, pero no encontró nada. Cuando sacó la mano del bolsillo se dio cuenta de que en la muñeca tenía, además de varias pulseras, dos relojes: el viejo que solo le permitía viajar diez años atrás y el que le acababan de regalar. Decidió que, al ser lo único que tenía, le podría regalar el antiguo reloj.

A las cuatro y media estaba en la puerta de una casa con un gran jardín decorado con guirnaldas de colores donde un grupo de niños intentaba dar con palos a una piñata. Su llegada fue muy cómica porque justo cuando iba a  saludar al cumpleañero, consiguieron romper la piñata y las chucherías le cayeron todas encima.

Después de presentarse le dio su regalo. Cuando todo el mundo se fue, le contó que el reloj tenía una función muy extraña ya que te permitía viajar en el tiempo. El chico no se lo creyó y le pidió que le mostrara cómo funcionaba.

Tras una demostración a dos años antes, se despidieron y Alba volvió al presente.

Al llegar a su casa corrió al salón y abrió el cajón donde guardaban los álbumes de fotos. Cogió uno marrón muy desgastado y lo abrió por la primera página. Ahí pudo ver la foto de un chaval con los ojos claros y el pelo largo y revuelto que sonreía a la cámara enseñando su muñeca en la que había  un bonito reloj dorado con un aro alrededor de la esfera decorado con relojes de arena grabados.